Christian the Lion y Chibolita.

La semana pasada, me enviaron este video con la advertencia de tener a mano un pañuelo al verlo. No le hice caso a la advertencia y de verdad que lo necesité, me puse a llorar a mares!… no fue pena, era… un sentimiento extraño, emoción, alegría, ternura, no lo se.  Tanto me gustó que se lo reenvié a varios amigos, y un gran cyberamigo de Guatemala, a quien quiero muchísimo, me respondió el correo con un articulo que leyó en uno de los principales periódicos de ese país.

Con ustedes, el video que hace llorar, y este hermoso texto.

PD: tal como me dijo mi amigo «Conejito», chibolita es sinónimo de redondita, en forma de pelotita.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=adYbFQFXG0U[/youtube]

Revelaciones: Mi chibolita
Por Margarita Carrera

«Cuando nació era una chibola blanca, preciosa. Por eso le puse Chibolita. Inteligente y cariñosa, se acostaba conmigo y me tocaba con su manita la cara. Creció y tuvo muchísimos gatitos lindos. Me quedé con un machito, parecido a ella, pero un día se fue, y ya nunca más volvió. Así son los machos, me decían. Las hembras, en cambio, nunca se van. Mi Chibolita se subía al tejado, pero jamás se iba.

Para que ya no sufriera más, la hice operar. De todas formas seguía siendo muy independiente, y había días en que se mantenía en el tejado y solo bajaba a comer.

Ahora han pasado más de 20 años y sigue viva. Fijate, le digo a mi hija, que ya no tiene dientes, tampoco uñas, y el pelo se le está cayendo. Está bien, me contesta, siempre que ella no se vea en el espejo. Hace como cinco meses casi se muere. Al no poder defecar, le di una pastillita a la mitad, de las que yo tomo. Sacó todo lo malo, y mientras la veíamos agonizar, Bertita dispuso empapar en agua un algodón y le exprimía las gotas en su boca. Yo le daba con mi dedo el jugo de la carne enlatada. Pasé tres días asistiéndola. Hasta llegué al Club y pregunté si no tenían una cajita de cartón. Me la dieron y se la enseñé a Bertita. Ya tengo su ataúd, le dije. Chibolita me vio con sus ojos lánguidos, y yo sufría de antemano su muerte.

Al día siguiente empezó a tomar agua lentamente, metiendo su lengüita en la palangana. Luego empezó a lamer la carne enlatada. Pronto la vimos saltar de su cama y salir caminando, aunque tambaleándose.

Ahora ya se repuso del todo y le salió nuevo pelo, come, toma agua y hace sus necesidades como si fuera otra vez jovencita. Solo su estampa da lástima a los extraños que la ven.

Bertita y yo la seguimos viendo linda. Bueno, no tanto, pero no quiero que se muera, y ella, lo mismo, no se quiere morir. Con tanto amor, quién quiere morir.

Uno de mis ensayos preferidos se llama Por siempre gatos. Al ver a mi Chibolita, lo releo: «Los tiranos no los soportan. Prefieren a los perros, quizá porque los gatos son rebeldes y no se dejan ultrajar ni permiten la más mínima falta de respeto. Son dignos y majestuosos. Aristócratas. Su innato sentido de libertad es tan poderoso que ofende a los humanos. Y éstos no los perdonan. Odiados y temidos, a veces; incomprendidos y olvidados, siempre. Ariscos, suaves y delicados hasta el delirio. Acarician cuando les ronca la gana, y en verdad roncan o ronronean cuando se les acaricia con amor. Pero, aunque gocen de la comodidad hogareña, siguen siendo salvajes, rebeldes, indomables. No se dejan domesticar, más bien ellos nos domestican. Son adorablemente perversos, bellamente cariñosos, excelsos con su aliento de tigre lejano, de felino pariente del egregio león. Descaradamente sinvergüenzas, los gatos siempre se salen con la suya, si se les ama. Porque amor viene de amo».

A un perro se le domestica hasta el punto de enseñarlo a matar o a seguir, implacable, el rastro humano o de otro animal. Así hay perros asesinos como hay humanos asesinos. A sueldo. Aunque la paga de un perro sea aparentemente diferente a la de un hombre.

Los gatos, en cambio, temen la degradante amistad humana, caprichosamente sádica. Jamás colaborarían con los hombres en sus malditas cacerías. Ellos practican la suya, muy propia, con los ratones: juguetona, cruel, descomunalmente solitaria, sensualmente sanguinaria. Por el momento, mi gatita está plácidamente dormida en mi cama, después de comer y tomar agua. Lo que menos piensa es en morirse. Está contenta, y eso es todo. Le doy las gracias a Nancy Arroyave y Lucía Herrera por la entrevista y foto con mi gatita. Ahora somos inmortales.»

Más info (y la foto de chibolita) en: http://www.prensalibre.com/pl/2008/julio/18/251314.html

Un comentario sobre “Christian the Lion y Chibolita.

  1. Que precioso el relato, y que cierto también. Al igual que tu quiero mucho a los gatitos. Tengo una gatita hermosa y respeto su indomable manera de ser.

    Quisiera que me permitieras un parentesis. Soy una nueva usuaria de Mac y quisiera hacerte algunas preguntas, si es posible podrías enviarme un correo para hacer el contacto ?
    Te lo agradecería un montón.

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